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miércoles, 18 de noviembre de 2009

E. Competencia en el planteo de proyectos en el sector cultural


  1. Competencias para actuar como emprendedor y asumir liderazgo en el proceso de establecimiento de nuevos servicios o productos.

  2. Competencia en detectar necesidades o sectores donde se pueda desarrollar iniciativas.

  3. Competencia de cogestión de proyectos con otros sectores socioeconómicos (turismo, edición, comunicación, desarrollo local, etc.)

  4. Conocimiento de la realidad de la industria cultural y el sector privado en general, con especial atención, a las pequeñas y medianas empresas.

  5. Conocimiento de las estrategias y sistemas de promoción de nuevos proyectos a partir de estructuras de "viveros de empresas".

  6. Estudio y conocimiento de las características específicas de empleo cultural en una realidad determinada.

  7. Conocimientos básicos del funcionamiento de la economía a nivel privado, iniciativa social y administración pública.

  8. Comptencia de gestión en el campo de la cultura a partir de productos, servicios con dependiencia de los usuarios, servicios con dependencia de terceros, administraciones públicas.

  9. Conoicmiento de las dinámicas y tendencias del tercer sector o tercer sistema como campo de actuación y desarrollo de iniciativas empresariales en el sector cultura.

  10. Conocimiento de las bases juríricas y administrativas para el desarrollo de proyectos en campo empresarial y la promoción de empleo.

  11. Conocimiento de la realidad jurídico-laboral y empresarial en los sectores de atención.

(Continuará)

miércoles, 28 de octubre de 2009

D. Competencias en la Gestión Cultural como Desarrollo y Generación de Empleo

  • Conocimiento de la realidad socioeconómica general con especial atención a los mecanismos de producción y creación de yacimientos de empleo y nuevas profesiones.
  • Conocimiento de la prospección y tendencias del mercado del empleo en general y concretamente en el sector de la cultura.
  • Competencia de analizar su propio proyecto y organización en clave socioeconómica y generación de empleo.
  • Comptencia para crear modelos empresariales a nivel de micro-empresas, profesionales autónomos y pymes.
  • Competencia para crear iniciativas d proyectos a partir de realidades locales en clave de explotar las potencialidades de desarrollo terriotorial.
  • Comptencia de estudios de viabilidad de proyectos culturales a partir de sus particularidades.
  • Conocimiento de la políticas sociales de creación de empleo y las legislaciones especializadas.
  • Conocimiento de las políticas de fomento de empleo, y ayudas a iniciativas empresariales a nivel local, regional, nacional e internacional.
  • Competencia de desarrollo de proyectos en la realidad del tercer sistema.
  • Competencia en la formación ocupacional adaptada al sector cultural.

(Continuará)

martes, 20 de octubre de 2009

Competencias en el campo de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación

  1. Repercusiones sociológicas y culturales de las tecnologías de la información y la comunicación en la sociedad actual.
  2. Conocimiento y tratamiento de información sobre el impacto y el consumo de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación.
  3. Conocimiento de las posibilidades culturales de las tecnologías actuales: A nivel de gestión general de sistemas de información y control. A nivel de la gestión de la aplicación de las nuevas tecnologías a los sectores culturales.
  4. Aplicación de las nuevas tecnologías en el campo de la creación y la producción de espectáculos o de expresiones artísticas. Posibilidades de la aplicación de las nuevas tecnologías a la producción, distribución y consumo de productos culturales.
  5. Conocimiento de los nuevos enclaves jurídicos de los efectos de la Sistema de Información.
  6. Conocimiento de los productos y posibilidades en el campo de la tecnología actual con posibles aplicaciones al sector cultural.
  7. Competencia para la creación de sistemas de información adaptados a la realidad de la gestión cultural.
  8. Conocimiento de aparatos, sistemas y productos en el campo de las nuevas tecnologías de la información.

viernes, 16 de octubre de 2009

Competencias para la cooperación

B. COMPETENCIAS FUNDAMENTALES PARA LA COOPERACIÓN E INTERNACIONALIZACIÓN DE LOS PROYECTOS DE GESTIÓN CULTURAL

  1. Capacidad lingüística a dieferentes niveles de acuerdo con las regiones geopolíticas de referencia.
  2. Competencia de elaborar un conocimiento a partir de conceptos culturales aplicables en cada región. Capacidad de comprensión de diferentes contextos sociales y culturales que permitan entender los procesos culturales.
  3. Competencia de elaborar y diseñar proyectos de cooperación cultural a partir de la utilización de referentes di diferentes contextos institucionales y culturales.
  4. Competencia en la interpretación de sistemas políticos comparados. Competencia de tratamiento de legilación aplicada a los diferentes campos en que interviene la cultura.
  5. Conocimiento de estrturas y organismos supranacionales en general.
  6. Conocimiento de bases patrimoniales internacionales.
  7. Competencia de entender los proceso sociales, económicos y culturales que caracterizanla era de la información.
  8. Coniocimiento de las bases teórico conceptuales sobre la cooperación en general.
  9. Conocimiento de la realidad del mercado y el comercio internacional a nivel general.
  10. Competencia de entender el cambio de lógica de organización ante los procesos de internacionalización.
  11. Competencia de trabara con contrapartes, socios o colaboradores de diferentes realidades nacionales a través del instrumento del proyecto de cooperación.
  12. Competencia de interpretar las consecuencias de las decisiones políticas y económicas que se suceden cotidianamente.

(Continuará)

martes, 13 de octubre de 2009

Los pequeños Barbies y Kens guanajuatenses

Los pequeños Barbies y Kens guanajuatenses
Por Ana García Bergua
Suplemento La Jornada Semanal
Domingo 11 de octubre de 2009 Num: 762
Hace más de un mes los lectores de La Jornada estábamos desayunando llenos de inocencia cuando nos encontramos con que en el estado de Guanajuato, aquella tierra pródiga en charamuscas y Cervantinos, las niñas y los niños de primero de secundaria se iban a sentir terriblemente acongojados, pues si miraban los libros de biología de primero de secundaria que andaba repartiendo el go bierno del estado, se iban a encontrar con que de sus cuerpecitos salían unas cosas que en el libro no estaban: ¿Qué es eso que tengo, mamá, que no viene en el libro?, iban a preguntar. Y las mamás muy consternadas de que sus pequeñines no tuvieran aquel cuerpecillo liso y angelical, como de Barbie y Ken, o como E. T. , que aparecía en los libros –sin aquellos órganos que seguramente a algún funcionario, luego de meditarlo frente a algún altar, le parecieron de mal gusto–, se pusieron a leerlo. Y en el texto decía que las adolescentitas mejor estaban virgencitas hasta casarse, como la muchacha de la telenovela, y que más valía que los varones y las mujercitas se dejaran ahí porque, caray, qué es eso de andarse procurando gustos egoístas y mejor esperarse a llegar al altar, y no a cualquier altar, claro, no forzosamente al que inspiró al funcionario y sus amigos tan divinos pensamientos. Y así muchos niños de Guanajuato se dejaron de placeres egoístas y, por ejemplo, ya no se comieron sus enchiladas a solas frente a la televisión, sino que invitaban también a algún amiguito o amiguita, con lo que había otros problemas que ni les cuento. Y es que el libro también decía que más valía no usar aquellos que llaman anticonceptivos, porque causan toda suerte de males y sobre todo disgustos a los autores del libro, que seguramente no hallaron qué mejor decir para prohibirles diversiones y tocamientos no aptos para nadie que no esté ante el altar, aunque no se malentienda, los curas tampoco deben procurárselos por más que se la pasen ante el altar to dos los días. Y el libro decía que para prevenir el sida más vale aguantarse y ni usar nada, va mos, ya ni pensar en ello, pues que lo único que funciona es la abstinencia y el no saber ni qué tiene uno en las partes borroneadas del libro de texto: cruz cruz y que se vayan los virus. Y lo cierto es que así no se van.

Y cuando los lectores de La Jornada logramos pasar el bocado de pan con merme lada o lo que sea que desayunáramos los lec tores de La Jornada –y bueno, no to dos, es verdad–, es decir va rios días después, supimos que ese li bro había sido un error, una lo cura de alguien que quién sabe en qué país creía estar viviendo, quizá no en un país sino en una parroquia muy grande, pero ya se le pasó y ya retiraron ese libro de las escuelas, y los niños de Guanajuato y las niñas de aquella tierra pródiga en minas de plata e Ibargüengoitias ya se mirarán sus cuerpecitos y sí se parecerán a los que vienen ilustrados en el libro de texto gratuito, lo cual no se puede negar que es un respiro. Pero a una en lo particular se le sigue atragantando el desayuno por tanta cosa, entre ellas que en dieciséis, ¡dieciséis! estados de la República se haya echado para atrás la legislación que permite a las mujeres la interrup ción del embarazo. Y aquí serán fun cio narios y curas y señoras muy poco solidarias con su propio género quienes creen que obligando a las mujeres a la clandestinidad y metiéndolas a la cárcel terminan con el problema, cuan do con lo único que terminan es con la vida de las mujeres. Viéndolo bien, penalizar el aborto, encarcelar a quienes se ven orilladas a tomar una decisión que de por sí no es nada fácil, por la causa que sea, es como borrarle sus órganos a los niños en un libro y decir que ya son así, lisitos, lisitos. Cuánta violencia no sigue pasando por la apro piación del cuerpo de las mujeres y por aquel afán tan eclesiástico de que sean otros los que decidan lo que cada mujer debe hacer con su cuerpo y su vida: matrimonio, maternidad y hasta los momentos íntimos y misteriosos de cada quien. Y ya me puse seria, ni modo, pero es que el tema lo amerita y más que nada yo hubiera querido acompañar a la manifestación del día 29 de los que ya corrieron, Día de la Despenalización del Aborto, del Hemiciclo a Juárez al Monumento a la Madre, y como no pude, pues lo hago ahora de esta ma nera que ya ven ustedes y me disculpo de antemano, es un poco atrabancada, como si fuera corriendo, tratando de alcanzarla.

lunes, 12 de octubre de 2009

Competencias específicas del gestor cultural

Competencias específicas:

1. Competencia en la comprensión de los procesos culturales y tendencias.

2. Competencia de prospectiva y anticipación a los escenarios cambiantes de nuestra sociedad y concretamente de los procesos culturales.

3. Competencia en gestionar y ejercer funciones directivas y de liderazgo a partir de nuevos modelos. Competencia de diseñar sistemas propios e identificables de sus tareas profesionales.
Competencia de aprender a trabajar en sistemas complejos de toma de decisiones.

4. Capacidad de desarrollar un proyecto empresarial a diferentes niveles de contenido. Competencia en el diseño y elaboración de un proyecto y trabajar en sistemas mixtos de cooperación.

5. Competencia en conocer diferentes marcos jurídicos y constitucionales.
6. Competencia de comunicación y utilización de todos los recursos.
7. Competencia en la utilización de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación.
8. Competencia en la comprensión de los procesos de construcción de la identidad cultural en diferentes contextos.

miércoles, 7 de octubre de 2009

Competencias del nuevo gestor cultural

• Con motivo del cambio que enfrontarán en próximas fechas los 46 H. Ayuntamientos del estado de Guanajuato, así como en relación con las nuevas configuraciones de las administraciones públicas municipales en materia de bienes y servicios culturales, la Ley Orgánica Municipal para el estado de Guanajuato, publicada en el Periódico Oficial el 17 de julio del 2001, hace mención -en el apartado treceavo- que los ayuntamientos tendrán además del compromiso de brindar agua potable, alumbrado, seguridad pública como parte de los servicios públicos municipales, el de administrar y proveer: “Bibliotecas públicas y Casa de la Cultura”.

En este sentido, el objetivo de las Casas de la Cultura es la de “Contribuir a que la población participe de manera más consciente y sistemática en la vida cultural de su comunidad.” Entre sus estrategias: “para conseguir que la población participe en la vida cultural de la comunidad es necesario propiciar que la sociedad tome parte en las tareas de conservación, acrecentamiento y difusión de una cultura viva y actuante, que contribuya a una mejor convivencia y calidad de vida.”

A este respecto, vale la pena una reflexión más profunda sobre las nuevas competencias ante los nuevos retos de la gestión pública, sobre todo en materia de manejo del patrimonio cultural. Las formas de gestión más complejas que van asumiendo las administraciones en relación con otros agentes culturales demandan de directores de casas de cultura, así como de encargados de las bibliotecas públicas municipales con un perfil profesional más específico.

Este texto tiene la intención de exponer las competencias necesarias de los gestores culturales como posibles administradores culturales o encargados de las bibliotecas públicas municipales, en el marco de los nuevos contextos de las políticas culturales y el desarrollo del sector.

Vale atender que es primordial recuperar la faceta más emprendedora del gestor cultural como innovador, capaz del diseño de nuevas prospectivas y proyectos.

La reflexión apunta, entonces, a la necesidad de un perfil gerencial específico o especializado en contra de la tendencia a una gerencia inespecífica. La gestión o administración de la cultura reclama unos conocimientos y sensibilidades que requieren una cierta especialidad.

A continuación, se muestran las nuevas competencias de los gestores culturales ante el reto de nuevas formas de gestión.

A. COMPETENCIAS CLAVE DE LA GESTIÓN CULTURAL EN GENERAL

Competencias básicas:
1. Competencia de situar su acción profesional a escala local y global.
2. Competencia de diagnóstico y de modelizar información para su acción profesional.
3. Competencia de mediación entre diferentes actores de su campo profesional.
4. Competencia de transferir información, conocimiento y sistemas.
5. Competencia de innovación en el propio sector.
(Continuará.)

sábado, 3 de octubre de 2009

Diálogo sobre la pertinencia de una política cultural

Ranaculta. ¿Cómo es que vienes a esta hora, mi muy querido y apreciado Ignoto? ¿Qué no es demasiado tarde?

El Ignoto. Sí que lo es.

Ranaculta. Entonces ¿por qué razón estás a estas horas sentado junto a mí y en silencio?
El Ignoto. Ni yo mismo lo sé. Mas hace rato estaba pensando en la certeza de que el gobierno debe tener una política cultural.

Ranaculta. ¡Sólo faltaría que a estas alturas no contara con esa ayuda para sobrellevar con mansedumbre y facilidad la tarea encomendada!

El Ignoto. Así debería ser, pero soy portador de una mala noticia, mala no sólo para ti, sino para mí y para tus allegados, mala y apesadumbrada, , tanto que yo, juzgando por mí, difícilmente la soportaría.

Ranaculta. ¿Qué noticias es ésa?

El Ignoto. Que desconocemos en Guanajuato cuál es la política cultural que significa promover a los artistas con becas para darles la oportunidad de entregarse por completo a su obra creativa, espacios para exposiciones, financiamiento al teatro, atención y seguimiento a cuanto proceso cultural que destaque.

Ranaculta. ¿Y de dónde sacas eso?

El Ignoto. Pues no creo que de un cierto ensueño que vi hace poco durante la noche. No hay ser humano en esta tierra del Bajío que haya visto con sus propios ojos tal sigiloso documento.
Ranaculta. Y te diré porqué. Tener una política cultural trae beneficios, no al estado, sino al gobierno: siempre es bueno recordar a los creadores, becarios, promotores y ciudadanos quién paga. Lo sabían los Medicis y los papas del Renacimiento, como lo supieron Da Vinci, Rafael y Miguel Angel.

El Ignoto. Bajo esta línea, ¿no es son la expresión del deseo infantil de que nunca nos falte un padre que nos mantenga.

Ranculta. Pero ¿qué nos importa a ti y a mí, Ignoto feliz, la opinión de las más, que los supuestamente sensatos de veras, únicos de los que vale la pena preocuparse, pensarán que las cosas se han hecho precisamente como se hagan?

El Ignoto. Empero, ¿a nombre de qué debemos pagar es con nuestros impuestos?, ¿qué sí y qué no?, ¿quién decide?

Ranaculta. Nadie tiene el derecho a arrogarse el poder de decisión sobre lo que es bello o no lo es, mucho menos el gobierno. Por eso la cultura es asunto de la sociedad, no de los políticos de turno.

El Ignoto. Sé de quién hablas. En manera alguna.

Ranaculta. El gobierno no puede ser juez y parte que defina quién merece que lo mantenga el gobierno. Esa no es una política cultural.

El Ignoto. ¿Cuál es, entonces, la mejor política cultural de un gobierno?

Ranaculta. La ausencia de política cultural.

lunes, 20 de julio de 2009

Diálogos (sobre política cultural III)

Ranaculta. ¿Adónde vas y de dónde vienes, querido amigo?
El Ignoto. Vengo de un recorrido con Toni Puig y Ulises Carrión por los caminos de la gestión cultural y el nuevo arte de hacer libros…
Ranaculta. ¿Y en qué os entreteníais?
El Ignoto. En la misma pregunta de siempre: ¿Cuál es la función social que tiene la cultura?
Ranaculta. Eso sería hablar muy sensatamente.
El Ignoto. Eso mismo pensé previo a reconocer que desconozco lo que ese arte significa.
Ranaculta. Verdaderamente, es una feliz casualidad que admitas que quien no conoce la verdad y sólo se ha preocupado de simples opiniones, exhibía un arte ridículo, o mejor, ningún arte.
El Ignoto. Gran riesgo, sin duda.
Ranaculta. ¿Quieres saber lo que dicho arte es y lo que no lo es?
El Ignoto. Con mucho gusto; y con tanta mayor razón que estamos hablando un poco en el aire, sin apoyarnos en ningún ejemplo positivo.
Ranaculta. Ciertamente cuando nos puede servir de ejemplo lo que José María Espinasa dixit para demostrar que una buena escenografía es aquella que no se nota, que hace posible el desempeño de la obra sin tropiezos, aquello en que los personajes encuentran un apoyo para su desarrollo, que da al actor la seguridad necesaria, y que si bien no garantiza un buen resultado de la función, sí la sitúa en el terreno de los factible. No tiene gran dificultad aplicar tal axioma al ámbito de la administración pública de la cultura.
El Ignoto. Creo comprender lo que me dices, pero en el caso local pareciera que lo que prevalece es el protagonismo.
Ranaculta. Sin duda. La función social como botín político.
El Ignoto. Por lo tanto, todo lo aquí dicho ¿no es sino producto de la simulación?
Ranaculta. Ya lo creo. No hay nada más tentador.
El Ignoto. Y dónde queda la cultura como una práctica más dentro de la comunidad, que mejora el nivel de vida y cohesiona la pertenencia de un espacio, sin dirigir los procesos ni manipular los resultados.
Ranaculta. En la política privilegiada de relumbrón: grandes exposiciones que nadie aprecia, conciertos multitudinarios que sólo lucen; en infraestructura cultural sin saber para qué servirá, en la edición de libros que nadie va a leer.
El Ignoto. Sí. ¡Por Jupiter! Y con mucho rigor.
Ranaculta. Recuerda, recordemos, caro amigo, que una ciudadanía más culta es más crítica y eso no es conveniente.
El Ignoto. Todo lo dicho hasta aquí no es sino un lugar común aceptado por todos.
Ranaculta. Sí, pero al menos concederás que todo proceso cultural no termina con la producción de las obras –la edición de un libro, la puesta en escena de una obra de teatro- , sino que acaba cuando es el público es quien se apropia de ella.
El Ignoto. Es decir…
Ranaculta. No hay cultura sin personas, no hay arte sin público.

lunes, 11 de mayo de 2009

Diálogos (sobre política cultural II)

El Ignoto. Prosigo, pues, con tu disertación, en cuanto a que la política cultural es un asunto demasiado serio como para dejarlo en manos del gobierno. Luego, entonces, no es acaso las instituciones gubernamentales a quienes les compete el diseño de políticas públicas –en este caso en materia de cultura-, me pregunto.
Ranaculta. Cada vez me sorprendes más con tu perorata intelectual mi estimado y viejo amigo. Aquí no está de más aclarar varias confusiones o malentendidos que al respecto se dan tanto en lo público como en lo privado sobre la naturaleza de las políticas culturales
El ignoto. Será esto posible en las esferas de los encargados de tales menesteres.
Ranaculta. Precisamente es en ellos en donde es más evidente el error. Por aquello de confundir actividades, líneas estratégicas, programas de acción y políticas culturales de donde emanan.
El Ignoto. Quién podría imaginar tal desaguisado.
Ranaculta. Así las cosas, una determinada política cultural deviene política pública cuando una administración gubernamental se hace cargo de ella, en el entendido de que el aparato institucional es indispensable sólo y cuando hace posible el diálogo con los actores sociales y culturales.
El Ignoto. Imagino que este coloquio a favor de las virtudes públicas es siempre terso o, por lo menos, es lo que aparenta el silencio cómplice de todos.
Ranaculta. La realidad es muy diferente cuando se le mira de cerca. Toda política pública –por lo menos en cultura- tiene que existir el conflicto y la negociación, de lo contrario estaríamos hablando de simulación.
El Ignoto. ¿De ahí el temor a la verdad entre los que -como bien lo señala- “simulan” estar por el bien del patrimonio de todos?
Ranaculta. Aciertas como es tu costumbre.
El Ignoto. Empero, en este mar de confusiones, a su entender, cuáles son algunas de éstas que prevalecen en la actual administración.
Ranaculta. La primera, que dice que en el ámbito cultural todo versa sobre la administración de bienes y servicios. Si se reduce la política cultural a una dimensión meramente administrativa, se le priva de su sentido de modelo de sociedad.
El Ignoto. Y la segunda...
Ranaculta. Lo que importa es lo que se ve, lo que se hace, cuando es en lo que no se ve en donde se mide la satisfacción de las necesidades culturales. Lo que se mira conforma parte del anecdotario protagónico del funcionario en turno.
El Ignoto. Aquí cabe preguntar: ¿Cuánto hemos de hacer en materia de cultura?
Ranaculta. Si bien una política cultural requiere de objetivos definidos, mecanismos de planeación, de desarrollo y evaluación, lo que interesa al fin y al cabo no es su naturaleza regulatoria, sino su capacidad de movilizar los recursos humanos y económicos a fin de garantizar, en la medida de lo posible, un desarrollo equitativo entre los diversos sectores de la población.
El Ignoto. Pero cómo distinguir una administración cultural de otras que la han precedido y de aquellas que le sobrevengan.
Ranaculta. En la manera de intervenir por parte del Estado: el qué, quién, cómo y para qué de estas intervenciones definen el perfil de una administración en relación con el estado, las organizaciones civiles y los grupos comunitarios organizados a fin de orientar mediante consenso el desarrollo simbólico y satisfacer así las necesidades en materia de cultura.
El Ignoto. ¿Es ésta la política cultural que actualmente vivimos en Guanajuato?
Ranaculta. No seré yo quien te conteste.

(Continuará.)

miércoles, 8 de abril de 2009

Diálogos sobre política cultural

El Ignoto. Dime, ranae, ¿habemus política cultural en Guanajuato?
Ranaculta. Hablar de políticas culturales no es asunto añejo, mi caro amigo. Recuerda, recordemos, que la creación del primer ministerio de cultura en el mundo sucedió en Francia, en 1959, con el Ministerio de Asuntos Culturales.
El Ignoto. Entonces, ¿podemos, deducir que antes de que existiera el concepto mismo de institucionalización de las políticas culturales, ya concurrían los términos gobernabilidad, poder y bien común en relación con las artes y la cultura?
Ranaculta. Sí. Ciertamente podemos llegar a esa conclusión. México, indudablemente, no es la excepción: es apenas en 1910 cuando se crea la Secretaría de Instrucción Pública de Justo Sierra, la de Educación Pública de José Vasconcelos, en 1922; el Instituto Nacional de Antropología e Historia, en el año de 1939; el Instituto Nacional de Bellas Artes, en 1946; la Subsecretaría de Cultura de Jaime Torres Bodet, en 1965, y el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes en 1988.
El Ignoto. En este lugar montañoso de ranas, la historia, me imagino, es igual de reciente.
Ranaculta. Absolutamente. No obstante esta historia incipiente, es curioso escuchar entre las personas del medio cómo se refieren al concepto de política cultural sin tener plena conciencia de lo que implica la suma de acciones relacionadas con la construcción de universos simbólicos, y su impacto en el contexto social.
El Ignoto. Pero, ¿cómo, pues, ven estos infelices la vida cultural?

Ranaculta. He aquí que prevalece entre los funcionarios, burócratas o aquellos que de alguna manera dicen dedicarse a “dinamizar” la cultura, la equívoca idea de pensar que la política cultural tiene que ver de manera exclusiva con aquellas instituciones gubernamentales responsables en atender esta problemática social, cuando, sabemos, mi ilustre desconocido, que toda política cultural que se precie de ser, es un esfuerzo de articulación entre aquellos que integran el campo cultural.
El Ignoto. ¿Quiénes son éstos cuyo sentimiento y ánimo se distingue el amor por el patrimonio?
Ranaculta. Bien sea el sector público y privado, el sector artístico y también el de la ciencia y la tecnología; el que conforma los grupos mayoritarios y las comunidades pequeñas y marginadas; así como el de los sectores productivos y los que trabajan a favor de la preservación del medio ambiente o la equidad de género, por mencionar sólo algunos ejemplos de activismo social.
El Ignoto. Estoy confundido. ¿No es acaso la cultura un tema para iniciados y sus discípulos, y no son estos elegidos por los dioses quienes deberían adjudicarse –como lo hacen- la facultad de permitir o no que nosotros, los profanos, nos acerquemos al sentido de nuestra propia vida cultural, vedando con ello la posibilidad de apropiarnos de nuestras acciones?
Ranaculta. Al contrario, la política cultural es un asunto por demás serio como para dejarlo al arbitrio exclusivo del gobierno. Y si sólo algunos de buena voluntad y conocimiento son los que siempre están presentes, no son pocos en verdad.
El Ignoto. Haznos, pues, el favor de explicarnos cómo cuando mejor se ha comprendido la importancia de la cultura como parte fundamental del desarrollo social, pocos saben lo que significa esa idea de responsabilidad política, jurídica y administrativa de los poderes públicos en el campo de las artes, la cultura y la creación.
Ranaculta. Bien pensado, mi siempre ignorado amigo, porque tal parece que en la actualidad no hay mejor política cultural que la que permite vivir del presupuesto.
(Continuará).