Palabras en la reunión con camaradas del Comité Estatal de Morena en Monterrey, Nuevo León
Pancho Villa y AMLO en la historia
Pterocles
Arenarius
Antes que
cualquier cosa quisiera hablar de lo más importante que ocurre en el mundo. Porque
tiene mucho que ver con nuestra situación.
No
es posible dejar de lado el monstruoso crimen que comete el ente sionista (porque
no puede ni debe llamarse estado) contra el pueblo palestino. Lo que estamos
viendo en estos momentos sólo puede compararse con el genocidio que practicaron
los nazis contra el pueblo judío el siglo XX. Con la diferencia que ahora los
fascistas, los nazis, tomaron el rostro de los que fueron las víctimas hace
casi un siglo. Y esto ocurre en el contexto de gran avance del fascismo en todo
el mundo, pero, lo peor, el imperio que resultó el gran beneficiario en aquella
época de la Segunda Guerra Mundial, hoy está gobernado por un loco.
Déjenme
recordar algo de aquellos tiempos. Las víctimas, los judíos de la diáspora necesitaban
tierra porque, dijeron, la causa de que padecieran el poder nazi se debió a que
no tenían su propia patria. Y los ingleses dieron a los judíos algo que no podían
dar por el simple hecho de que no era de ellos: la tierra del pueblo palestino.
Poco antes de ese otorgamiento espurio, los palestinos de aquellos tiempos
dicen que llegaban a sus tierras unos hombres desconocidos a tomar medidas, a
examinar y llevarse muestras de las tierras y las aguas. Muy pacíficos se veían
y tomaban datos de todo lo posible, incluyendo sin duda a ellos, las personas. Y
se iban. Estaban evaluando el territorio del que se iban a apropiar de la peor
manera posible.
Hoy,
aquí en México, una gobernadora autoriza a unos bien conocidos agentes de la
CIA a que ingresen a nuestro país. ¿A qué vinieron, qué hacían en un lugar tan
inhóspito como la sierra de Chihuahua, en el marginal municipio de Morelos? Sabemos
muy bien que su chamba es tumbar gobiernos, incitar y apoyar golpes de estado,
espiar comunistas y gente de izquierda o lo que sean, con tal de que no apoyen
al imperio gringo. Bueno, ellos han traficado drogas o torturan y asesinan; han
apoyado a grupos terroristas a los que luego tienen que exterminar porque se
les salen de control y muchas, pero muchas más lindezas. Los de la CIA son
gente que no quisieras ni voltear a mirarlos y mucho menos que se te acerquen
porque hasta eso es peligroso. Las preguntas se vuelven cada vez más alarmantes:
¿qué putas hacían agentes de la CIA en la sierra de Chihuahua y quién los dejó
entrar? La CIA es peor que el puto diablo, el señor de la mentira y el mal. Y nadie
me habrá de decir que no.
¿Qué
gobierno querían desestabilizar los agentes de la CIA en medio de la sierra
chihuahuense? Lo más lógico es que andaban mapeando, evaluando, levantando
datos de la manera en que intentarán apropiarse de la riqueza que se encuentra
en la zona. Lo mismo que hacían los judíos visitando Palestina en los años
recién la posguerra. Lo cual se oye como una maldición. Eso es a lo que nos
expone la llamada Maru Campos, gobernadora de Chihuahua.
En
este momento, el ente sionista de Israel bombardea al pueblo palestino en Gaza,
al libanés en su propia tierra, para robarle su territorio. Perpetra crímenes
que no se veían en este mundo desde los tiempos de Hitler y el temible poder
nazi del siglo pasado.
Que
le digan a la gobernadora dos cosas: una, que su estado tiene frontera con el imperio
que acumula el poder destructivo más grande de la historia de la humanidad; que
el arsenal nuclear gringo podría destruir el planeta Tierra unas ocho veces. Y,
dos, que el imperio gringo nos robó más de la mitad de nuestro territorio hace menos
de dos siglos.
Sólo
así se explica la indecible prudencia que han mostrado ante el imperio gringo
nuestros dos presidentes: AMLO y Claudia. Es que lidiar con un loco que puede acabar
con la vida en el planeta no es cualquier cosa (hace unos días Trump le pidió
los códigos nucleares al jefe del Departamento de Guerra gringo. Éste encontró
la manera de negárselos, alabado sea el cielo).
Pero,
bueno, lo único que no podemos perder es la esperanza. Y es que como decía Andrés
Manuel en sus mañaneras, citando precisamente a Pancho Villa, llegandito les
decía a los periodistas “ánimo”. Y una vez explicó que Villa siempre les decía,
en medio de la batalla, a sus “muchachitos”: “Ánimo porque lo más feo está por
llegar”.
Vengo
a hablarles de una novela histórica sobre uno de los más grandes héroes que ha
dado el pueblo mexicano. El general Francisco Villa. Y, porque somos
morenistas, porque vivimos en México y por lo que estamos viviendo en este
momento, los sucesos históricos de la novela exigen que haga un parangón con lo
que vemos transcurrir en estos días.
Y
empiezo con un epígrafe que tiene la novela:
Un
canto para Bolívar
(…) Yo conocí a Bolívar una mañana
larga, en Madrid, en la boca del Quinto Regimiento. Padre, le dije, ¿eres o no
eres, o quién eres? Y mirando el Cuartel de la Montaña, dijo: Despierto cada
cien años, cuando despierta el pueblo.
Pablo Neruda
Estos
versos, me remiten a un meme que ha circulado por ahí en las redes sociales. El
meme, que muestra las imágenes de los susodichos, dice: 1753: nace Miguel
Hidalgo y Costilla. 1853: nace José Martí. 1953: Nace Andrés Manuel López
Obrador. Hombres que se dan en este mundo sólo cada cien años.
Bueno,
todo este largo prolegómeno para decirles que el personaje de esta novela Querido Pancho Villa, fue, junto con
Emiliano Zapata, los que tuvieron la dignísima representación del pueblo
mexicano en la Tercera Transformación, que también llamamos la Revolución
Mexicana. El pueblo alcanzó logros muy grandes en esta etapa revolucionaria. La
primera revolución social del siglo XX en el mundo, la única hasta entonces que
convertía en leyes las demandas del pueblo trabajador. Pero esa gran
transformación revolucionaria quedó trunca con los asesinatos de los más
limpios y auténticos representantes del pueblo: Zapata y de Villa, además de
otras circunstancias.
Este autor con medio siglo de diferencia
(y seguimos en la izquierda)
Antes,
los ideales juaristas fueron traicionados por Porfirio Díaz luego de la Segunda
Transformación.
Y
ya en la Primera Transformación Hidalgo había abolido la esclavitud, Morelos
promulgó la Constitución de 1824 en que se procuraba “moderar la opulencia y la
indigencia”. Pero en los hechos, la esclavitud sólo fue abolida en realidad
hasta el siglo XX, con la Revolución, precisamente.
Ya
desde finales del XVIII, cuando vino a México, que le habían impuesto el nombre
de Nueva España, Alexander Von Humboldt, el que vino a estudiar la fauna, la
flora, el clima y, sin duda, las riquezas de nuestro país, el sabio alemán dijo
que jamás había visto nación alguna en la que se diera desigualdad tan grande
entre pobres y ricos. Y esa circunstancia se prolongó por siglos. Esa es la
herencia maldita de la colonia española. Ninguna de las tres transformaciones
históricas de México resolvió el problema de esa maldición. En este momento, estimados
camaradas, si hay tanto odio de las clases pudientes contra el pueblo mexicano,
si hay un encono que hace a una persona que pareciera afectada de sus facultades
mentales gritarles a los legisladores de Morena narcopolíticos y llamar
narcopresirvienta a una científica de primera línea que nos gobierna, es porque
las élites se quedaron acostumbradas, por siglos, a que la plebe no merecía
nada, si acaso las migajas que resbalan de sus mesas. En México, la segregación
racial jamás se plasmó en ley, como en Estados Unidos. Sin embargo, aquí
tuvieron el descaro de dividir a la gente en castas según su color de piel. Los
repugnantes calificativos de tentenelaire, negro cambujo, indio saltapatrás,
najayote, son el ejemplo de la inigualable hipocresía de los colonizadores. Y un
poco antes de 2018 México era, otra vez, uno de los países con más desigualdad
en el mundo. El sueldo mínimo llegó a ser ridícula y estúpidamente bajo,
comparable sólo con países como Haití u Honduras.
En
las tres grandes transformaciones de México, el pueblo puso su sangre a
toneladas. Nadie sufrió más que los muy pobres.
Esta
novela trata de un hombre que debió vivir veinte años de su vida escondiéndose,
robando y peleando combates a muerte, primero para sobrevivir y luego por
inercia, para continuar la huida hacia adelante que fue su existencia y, al
final, para llevar a sitios de prodigio los hechos armados de la gran
revolución que es nuestra Tercera Transformación.
Las
tres transformaciones históricas se dieron como respuesta a la desigualdad
social, a la gran pobreza de las amplias mayorías. Tenemos el privilegio
formidable de vivir en el tiempo de la Cuarta Transformación.
Las
dos son tremendamente importantes. México, antes de 2018 avanzaba
aceleradamente a la desgracia. O bien hacia una guerra civil, el estallido de
la violencia que ya había ocurrido se iba a magnificar. O bien la desintegración
—lo que llaman balcanización— del país en un grupo de pequeñas repúblicas. Les
juro que llegué a ver mapas que dividían así el futuro geográfico-político de
México en ese estercolero que era tuiter y sigue siendo X. La disolución de la
patria que habría de ser con violencia.
Aquí
recordemos que las otras tres transformaciones de la vida pública de México ocurrieron
violentamente.
Y
la segunda circunstancia maravillosamente favorable, es que se está dando la
transformación sin guerra.
Krauze,
cuando se creía historiador e intelectual, dijo que en México había severas
crisis de violencia cada cien años. Hablaba de las catástrofes sociales de
1810, 1910. Sin embargo su caracterización quedó muy pobre al compararla con la
de Andrés Manuel López Obrador de las cuatro grandes transformaciones.
Conviene
anotar que las tres transformaciones, la Independencia, la Reforma y la
Revolución fueron cataclismos sociales, guerra civil, la mortandad más grande
de nuestra historia en la Revolución, crisis económica e incluso hambruna,
además de desplazamientos de población y, necesariamente, un gran sufrimiento
para el pueblo raso.
En
realidad, la etapa colonial se vivió una época de guerra permanente. Son muchos
los pueblos originarios que sostienen con verdad que ellos nunca fueron
sometidos por los españoles, lo mismo los mayos y los yaquis del norte que los
mayas tzotziles, tzeltales, tojolabales en Chiapas que los chichimecas del
Bajío o los purépechas de Michoacán. Los conflictos armados locales terminaron
con el gran movimiento independentista que encabezó Miguel Hidalgo y que
continuaron Morelos y Guerrero.
El
racismo, el clasismo y el sexismo sólo son en realidad debidos a que hay gente
que tiene el ego más inflado (de soberbia, de autoexaltación guanga o una autoestima
enferma de hinchazón) que los hace creer que tienen algo que de alguna manera
los hace superiores al común de las personas.
En
síntesis, una gran transformación empezó en México, se fue gestando en el final
del siglo XX y floreció en el XXI, concretamente en el año de 2018 gracias a un
genio de la política. YaSabenQuien.
Ya
hemos dicho muchas veces que jugó contra un contrincante no sólo desleal y
tramposo, sino astuto y criminal, con el árbitro en contra, en cancha dispareja
y con todos los medios de desinformación atacándolo sin piedad y sin descanso.
Pero hay al menos dos hazañas que deben consignarse de AMLO, una que derrotó al
sistema de partido de estado más longevo de la historia (ni siquiera el Partido
Comunista de la URSS llegó a usufructuar tantos años el poder como el PRI) que
además absorbió a la derecha más rancia de México, el PAN para transfigurarse y
no menos cambiar a la vieja derecha heredera del siglo XIX que sigue cargando
con los vicios más nefastos de los invasores españoles racistas,
machos-misóginos, soberbios y clasistas. Pero la otra gran proeza es la de concretar
en sí mismo los anhelos más sentidos del pueblo por un lado, pero por otro,
también encarnar en su persona todo lo opuesto a las fobias que el ciudadano
común observó por muchas décadas en la clase política. Los mexicanos ya
estábamos hasta la madre de políticos rateros, mentirosos, cínicos, los del
PRI, hipócritas los del PAN, pero todos soberbios, prepotentes y altamente
pendejos. López Obrador fue meticulosamente honesto, jamás incurrió en la
mentira (no mentir, no robar y no traicionar al pueblo), sincero (ni cínico ni
hipócrita), sencillo hasta el asombro; y, aunque lo nieguen, aunque digan que
ni siquiera habla bien el español, la inteligencia de AMLO es muy superior a la
totalidad de los políticos mexicanos de los siglos XX y lo que va del XXI. (De
Claudia no hablo porque tendríamos que esperar a que termine su sexenio, pero
pinta maravillosamente).
Y
es aquí donde, por fin, empiezo a hablar de este libro que se llama Querido Pancho Villa; una novela que
retrata dos facetas del caudillo durango-chihuahuense. Una, su estatura
espiritual. Porque sólo alguien que haya tenido una intensa y profunda vida
interior puede acumular las virtudes imprescindibles para dirigir un ejército
como la División del Norte, tener el valor y el autocontrol que le permitieron
salir vivo e ileso en innumerables enfrentamientos a muerte, la inteligencia y
la astucia para actuar con temeraria velocidad y seguridad perfecta a la hora
de las acciones armadas a gran escala, la intuición para inclinar a su favor a
los que eran sus pares en el combate y hasta el carisma para ganarse la
voluntad tanto de los soldados rasos como de los subordinados. Pancho Villa
—nacido Doroteo Arango— si bien tenía la ventaja de haber vivido larguísimos
veinte años como perseguido por abigeo, bandolero de caminos e incluso asesino
como lo caracterizó la bárbara ley porfiriana y su policía criminal, siempre a
salto de mata, huyendo y escondiéndose, además de participar en un número no
determinado, pero grande, de enfrentamientos a tiro limpio, en los que libró la
muerte y de huidas que hoy llamaríamos de película llegó a la Revolución
gracias a la recomendación de Abraham González ante Francisco I. Madero de que
se trataba de un bandido que tenía, como dice nuestro ex presidente AMLO,
alguna dimensión social. La otra faceta de Villa, su vida íntima con las
mujeres. Él fue un formidable bailarín, igual que Juárez, pero mi general era
enamoradizo como nadie. Los que han estudiado su vida privada han encontrado
actas de matrimonio que demuestran que se casó, al menos veintisiete veces.
Pero otros sostienen que posiblemente sus matrimonios asciendan a poco más de
setenta.
Cartel de la novela y el autor
Villa,
al igual que López Obrador, era no menos un genio. Pero Villa, siendo genial,
no fue a la escuela. El general zapatista Gildardo Magaña le enseñó a leer
cuando compartieron muros carcelarios en la cárcel de Belén. Sin embargo, Villa
admiraba a los hombres ilustrados, en gran medida de ahí su devoción por don
Panchito Madero. López Obrador, bueno, con grandes dificultades, pero estuvo en
la UNAM, en la Ciudad de México, aunque tuviera que alojarse, porque no tenía
para la renta y a veces ni para la comida, en la Casa del Estudiante
Tabasqueño.
Pancho
Villa, era también un hombre que amaba profundamente al pueblo y eso lo salvó,
porque además terminó siendo una formidable estrategia en el combate, junto con
el inmenso conocimiento que tenía del territorio de Chihuahua, un poco menos de
Durango y Coahuila. Cuando los gringos hicieron la expedición punitiva, con
permiso del Carranza presidente, John H. Pershing estuvo buscándolo un año y
jamás dio con él. Villa llegó a decir que “vinieron como águilas calvas (en
alusión a su escudo nacional) y se fueron como gallinas desplumadas”. Pershing,
por cierto, fue merecedor de la más alta condecoración militar que da su país,
la que sólo han obtenido él y George Washington, su padre de la patria.
En
fin, Villa es uno de los íconos de México en el mundo. Mao le dijo a Vicente Lombardo
Toledano que él se había inspirado para la larga marcha que le dio la victoria
y la dirección del poder en China en Pancho Villa. Vo Nguyen Giap, el gran
general vietnamita que venció a los franceses a finales del siglo XIX y luego a
los gringos en el XX y que vivió 110 años, dijo que él tenía una brigada de
élite que se llamaba Pancho Villa. En la guerra civil española había un
escuadrón de anarquistas locos, desesperados que se autonombraban Pancho Villa.
La
victoria de las fuerzas del pueblo en la Cuarta Transformación, todavía
parcial, todavía en una etapa de construcción, debemos cuidarla como la más
grande hazaña del pueblo mexicano en su historia, porque está siendo pacífica. Y
tiene visos de que nadie la podrá detener en varias, ¿cuatro, cinco?, décadas.
Cuidarla
como a la niña de nuestros ojos.
¿Cómo
cuidar y defender a la Cuarta Transformación?
Con
la unidad. La unidad entre la gente de izquierda suele ser tremendamente
difícil. Los de izquierda, como son gente valiente, autosuficiente, atrevida,
con fuertes convicciones, suelen pelear mucho para defender sus ideas. Siempre hemos
visto que dentro de los partidos de izquierda hay terribles pleitos. Cito dos
ejemplos muy grandes de nuestra historia: uno, la declinación de Heberto
Castillo para el proceso electoral de 1988, con lo cual le dio la victoria a
Cárdenas. Victoria que el genio del robo y el asesinato Carlos Salinas de
Gortari usurpó. Y, dos, la reclusión de López Obrador en su pequeña propiedad
de Palenque, Chiapas, donde vive en condiciones monacales. Uno de los más
costosos errores de la izquierda, de sus gobiernos, es la eternización en el
poder. Como lo vimos con Evo Morales, con el comandante Hugo Chávez y Nicolás
Maduro, Daniel Ortega y el mismo Fidel Castro. Heberto y López Obrador son los
ejemplos superiores de que las grandes virtudes de los izquierdistas, debe
añadirse el de la humildad y la renuncia al “necesariato”.
Otra
virtud no menos grandiosa de la izquierda es el amor al pueblo expresado en
beneficios materiales contundentes y efectivos: materiales, no sólo palabras
bonitas. Si algún día ganara la derecha, toquemos madera, quiero ver quién va a
ser el guapo que cancele todos los programas sociales que, además, ya son ley y
que dejó AMLO y está ampliando Claudia Sheinbaum. Si un día lo intentaran se les
incendia el país. El verdadero amor al pueblo se vuelve algo muy concreto con
esos programas sociales.
Otra
de nuestras esenciales características. Nunca ser como es la gente de la
derecha. “El más pérfido engaño del mal es la invitación a la lucha, porque esta
te vuelve igual que tu enemigo”, dijo el escritor Checo Franz Kafka. Toquemos madera
una vez más, si un día llegáramos a ser iguales que ellos de cínicos y rateros
como el PRI o de hipócritas y rateros como el PAN, entonces nos habrán vencido
totalmente y en toda la línea. México, en tal caso, no tendría salvación.
La
Cuarta Transformación es un tesoro que hemos logrado los mexicanos. Es un
ejemplo mundial. Es la punta de lanza de las izquierdas del mundo. Y, no menos,
es la salvación de México. Hemos visto que las tres transformaciones anteriores
de nuestra historia concluyeron en traiciones; en gatopardismo, cambiar todo para
que todo siga igual o en quedar truncas. De nosotros y de muchos más depende
que esta gran revolución pacífica que estamos construyendo llegue a un estado
superior de nuestra patria para bien del pueblo mexicano.


