Mostrando entradas con la etiqueta Arte y cultura en Guanajuato. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Arte y cultura en Guanajuato. Mostrar todas las entradas

viernes, 26 de febrero de 2010

Plaza Allende

Opinión de Luis Miguel Rionda • Guanajuato, Gto.

La instalación en la ciudad de Guanajuato de lo que se ha denominado “Plaza de la Cultura y las Artes” en el espacio que oficialmente se llama “Plaza Allende” y en la voz popular “Plaza del Quijote”, pero que los convocantes al proyecto rebautizaron como “explanada del Teatro Cervantes”, me ha movido a algunas reflexiones, que me atrevo a compartir.

El tema de la promoción y la gestión cultural es muy sensible en una ciudad como la que nos ocupa. Las razones son históricas: la revolución de 1910-1920 dejó a la minería local sumida en una profunda crisis que perduró por tres décadas. Esto se tradujo en su despoblamiento, hasta convertirse casi en una sombra de lo que fue. La población de la ciudad de Guanajuato se estancó en poco más de 23 mil habitantes entre 1940 y 1950, y en 1960 apenas ascendía a los 28 mil.

La ciudad debe su supervivencia a tres factores: al hecho de ser capital del estado homónimo, lo que le garantizó fuentes de empleo en los periodos más difíciles. Segundo, la Universidad de Guanajuato, que atraía a una importante población estudiantil e intelectual que animaba sus callejas semi vacías. Y tercero, el haber experimentado un muy peculiar florecimiento cultural en los años cincuenta, cuando se generaron iniciativas como la del Teatro Universitario y sus Entremeses Cervantinos, la Orquesta Sinfónica, la Escuela de Filosofía y sus profesores españoles, la de Música, etcétera. Ese fenómeno cultural salvó a la ciudad, y le dio vocación y destino. Veinte años después nació el Festival Internacional Cervantino y el círculo se cerró.

En dicho florecimiento poco tuvo qué ver el gobierno municipal. Se descuidó durante demasiado tiempo su responsabilidad en la materia, hasta que en 1997 se fundó la Casa de la Cultura, de las últimas en haberse abierto en la entidad. A partir de entonces cada administración municipal ha venido imponiendo proyectos dispares sobre lo que consideran promoción cultural. Ante el poco interés de los ediles sobre el tema, los tres directores (Mauricio Vázquez, Antonio Borja y el actual, José María Hernández) han regido con mucha manga ancha sobre la política cultural municipal. Eso no es necesariamente malo, pero sí impone ritmos e intereses diferenciados según el director al cargo.

La iniciativa de la “Plaza de la Cultura y las Artes” me parece inquietante, porque parece evidenciar un concepto rústico de lo que es la gestión cultural. Me parece que se mezcla el comercialismo con lo que se pretende que sea arte y cultura. La plaza se expropia de su uso público y se convierte en tianguis para pseudoartesanos, libreros de viejo -y chafa-, mimos y demás pránganas de la “cultura”. ¿Quién define qué es y qué no es cultura y arte? Eso sólo lo pueden juzgar los usuarios del mismo, no los funcionarios de un gobierno.

Ya veo asomar el interés de los tianguistas culturales de establecerse definitivamente ahí. Es una plaza hermosa, de gran dignidad. Opino que el proyecto debe replantearse y limitar su uso eventual a presentaciones escénicas y musicales de calidad. Pero nada más. Hay que defender nuestros espacios públicos.

Fuente: www.igeteo.net/ver/4b84c10e/Plaza-Allende.html

lunes, 1 de febrero de 2010

Conclusiones

por Luis Omar Montoya Arias

Es evidente que existe una tradición musical en el sur de Guanajuato, partiendo de la longevidad de la que gozan diversas organizaciones de metales, maderas y percusiones desde León, Irapuato, Salamanca, Pénjamo, Abasolo, Huanímaro hasta Celaya, Villagrán y Salvatierra. No hay argumento valido que refute tal aseveración. El asunto es pasar a un nivel interpretativo de la información obtenida que nos permita ir más allá de las historias tradicionales, mismas que se empeñan en ver a la historia de la música como resúmenes biográficos de personajes significativos, propuestos como seres determinantes y ajenos al proceso social del musicar.

Primero, la tradición no es un ente homogéneo, infalible ni estático por siempre. Igual que las otras propuestas teóricas, ésta es antes que una realidad social, una herramienta de análisis que nos ayuda a estudiar y comprender fenómenos sociomusicales delimitados a una región y a una temporalidad, como corresponde a toda investigación que se asuma histórica. Segundo, la tradición también es inventada, es decir, las prácticas sociales son orientadas por agentes como la Iglesia Católica, el Estado y ahora también por los medios masivos de comunicación, desde la escritura misma de los diarios hasta la desinformación provocada por el sobre flujo de tantos datos y referencias.

Para el caso del sur de Guanajuato estamos en condiciones de aseverar que, en un primer momento histórico, la tradición musical fue alimentada por la Iglesia Católica, fundamentalmente a través de dos órdenes religiosas: los agustinos y los franciscanos. Todavía en la actualidad dichos actantes tienen un peso específico en la permanencia de prácticas tradicionales vinculadas al culto de imágenes, donde las bandas de viento son absolutamente necesarias. La música de viento está vinculada a casi todos los eventos católicos en el sur de Guanajuato. La justificación está en la tradición, la cual admite narraciones, cuestionamientos y por supuesto explicaciones.

Pero no basta con el interés de la Iglesia Católica para que la tradición musical en el sur de Guanajuato permanezca. Junto a éste se encuentra la familia, a través de la transmisión del conocimiento, por eso las bandas de viento pueden ser consideradas herencia de familia. Los mejores maestros están en el mismo hogar. Las bandas de viento no son pura fe, sino también la posibilidad de evitar la migración a los Estados Unidos. La intervención de las órdenes católicas en la permanencia de esta tradición musical es incuestionable, quizás sin proponérselo directamente y gracias a la permanencia de las fiestas patronales, en gran medida, las bandas y sus músicos siguen vigentes.

No existe una sola identidad, sino identidades musicales en el sur de Guanajuato. Es cierto que en el imaginario de los habitantes de esta región en el Bajío mexicano permea un sentimiento de identidad musical que los diferencia de lugareños michoacanos y queretanos, por mencionar un ejemplo, pero también existen subidentidades que los particularizan como pertenecientes a municipios e inclusive a barrios. Para los habitantes de Villagrán, las bandas de Romita y las de su pueblo no son iguales, de entrada porque las suyas se asumen como “indígenas”, motivo de orgullo y de diferencia respecto a los otros.

Los habitantes de cada barrio se identifican con sus bandas, las apoyan con dinero, comida y vestuario para que salgan vencedoras en las guerras musicales, las cuales tienen lugar durante las alboradas, en el marco de sus fiestas religiosas. Existe una competencia irrenunciable por demostrar que banda, y por tanto, que barrio es el mejor, porque la identidad musical no es exclusiva de una grey, ni de los músicos ni de sus bandas; la identidad musical en el sur de Guanajuato incluye a todos los que participan en el proceso del musicar, desde los instrumentistas hasta las feligreses que hacen acto de presencia en los diversos actos religiosos, donde además se alimentan sus devociones y se perpetua la tradición. Por eso el catolicismo en Guanajuato no es sólo cuestión de fe, sino también de memoria, tradición e identidad regional.

En este ensayo se destacó la tradición musical existente en el sur de Guanajuato, a partir de dos familias: los Sosa y los Arpero. Quedo claro cómo el conocimiento musical es transmitido generacionalmente en el núcleo familiar y en algunos casos, como sucedió con Franco Arpero, existe una especialización del conocimiento en conservatorios de música.


Revista unam.mx
Revista digital universitaria
www.revista.unam.mx/vol.10/num12/art95/int95.htm
1 de noviembre de 2009 Vol.10, No.11D.R.
© Dirección General de Servicios de Cómputo Académico-UNAM /
Ciudad Universitaria, México D.F.

Bibliografía

Bourdieu, Pierre, Capital cultural, México, XXI, 2002, 13 – 138.

Chamorro Escalante, Arturo, Sones de la Guerra, El Colegio de Michoacán, México, 1992, 250p.

García Aguilar, Idalia, Defensa del patrimonio documental mexicano, UNAM, México, 2001, 239p.

Giménez, Gilberto, Estudios sobre la cultura y las identidades sociales, CONACULTA, México, 2007, p.25.

Pérez, Luis Felipe, La autobiografía como proceso de expiación, Universidad de Guanajuato, México, 2007, pp. 28 – 54.

Ricoeur, Paul, La memoria, la historia, el olvido, FCE, Argentina, 2004, pp. 21 – 159.

Small, Christopher, Musicking, Wesleyan University Press, Estados Unidos, 1998, 221p.

Hemerografía

Hobsbawm, Eric, “Inventando tradiciones”, Revista Bitarte, núm. 18, San Sebastián, agosto 1999, pp. 39-53.

Testimonios

• Testimonio: Francisco Franco Arpero
Ocupación: Músico
Lugar: Villagrán, Guanajuato
Fecha: Sábado 4 de abril de 2009
Recopilación: Luis Omar Montoya Arias
Transcripción: Luis Omar Montoya Arias
Extensión: 16 cuartillas
Registro: Dos cintas magnetofónicas.

• Testimonio: María Arpero Alvarado
Ocupación: Habitante de Villagrán, Guanajuato
Lugar: Villagrán, Guanajuato
Fecha: Sábado 4 de abril de 2009
Recopilación: Luis Omar Montoya Arias
Transcripción: Luis Omar Montoya Arias
Extensión: 12 cuartillas.
Registro: Dos cintas magnetofónicas.

• Testimonio: Silvestre Sosa Ortega
Ocupación: Músico
Lugar: Salvatierra, Guanajuato
Fecha: Sábado 4 de abril de 2009
Recopilación: Luis Omar Montoya Arias
Transcripción: Luis Omar Montoya Arias
Extensión: 16 cuartillas.
Registro: Dos cintas magnetofónicas.

jueves, 28 de enero de 2010

Dos visiones

por Luis Omar Montoya Arias

Para Franco Arpero, la música es exactitud, rigidez y perfección. La sensibilidad es importante pero queda en segundo plano. Su idea de música tiene que ver con su formación de conservatorio en la Ciudad de México, Estados Unidos y Europa. Mientras que Sosa Ortega resalta el carácter didáctico de la música y la concibe como el arte más bello. Textualmente afirma:

La música es el arte más bello que existe, porque la pintura y la arquitectura hay que verlas para apreciarlas, mientras que la sensibilidad musical viene del oído. Basta con escuchar para sentir la música, sin tratar de intelectualizarla. La música educa y sensibiliza. La música es el arte del bien combinar los sonidos en el tiempo. La música embellece el alma, y hace mejores cristianos. Es el arte más cercano a los hombres, por eso digo que es el arte más grande de todos los artes.
La aproximación de este icono de las bandas de viento en el sur de Guanajuato está claramente delimitada por la influencia de su padre José Isabel Sosa, formador de varias generaciones de músicos en Guanajuato y sus alrededores. Recordemos que el mismo Sosa Ortega fue maestro y hacedor de bandas, las cuales eran integradas por niños de siete a 12 años.

La manera en cómo entienden la música estos dos personajes está relacionada con su educación musical y con sus horizontes de experiencia. Mientras el primero inició en las bandas de viento de Villagrán y luego dio el brincó en la década de 1970 a la “música culta” recitada por nota en foros como el Palacio de Bellas Artes, el segundo siempre estuvo ligado y comprometido con las formación de las nuevas generaciones de músicos. Las labores realizadas por ambos músicos han sido y serán fundamentales para que la tradición de bandas de viento en el sur de Guanajuato siga viva. Esto muestra la versatilidad musical de la que habla Franco Arpero, la cual, según su punto de vista, hace especiales a las bandas de Guanajuato, y es justamente aquí donde confluyen sentimientos de identidad en torno a los metales, las maderas y las percusiones. Recordemos que la identidad tiene que ver con todos aquellos elementos culturales que nos hacen iguales en sociedad, pero que también nos hacen diferentes respecto a los otros, pues en la diferencia me reconozco a mí mismo y me asumo como parte de una comunidad que comparte rasgos y símbolos con una carga significante. En ese contexto Franco Arpero señala clarinete en mano:

La música es arte y una ciencia que no tiene fin. Es una ciencia exacta y perfecta. En la música no debe de sobrar de ni de faltar porque es todo cuadrado y con esto no quiero decir mecánico. La música tiene que ser sensibilidad, delicadeza y por momentos dureza y búsqueda constante. La música se reinventa cada vez que se logra una nueva interpretación .

(Continuará).
Revista unam.mx
Revista digital universitaria
www.revista.unam.mx/vol.10/num12/art95/int95.htm
1 de noviembre de 2009 Vol.10, No.11D.R.
© Dirección General de Servicios de Cómputo Académico-UNAM /
Ciudad Universitaria, México D.F.

miércoles, 27 de enero de 2010

Los Arpero de Villagrán

por Luis Omar Montoya Arias

Emiliano Arpero Guapo

El sur de Guanajuato es una región política y geográfica conformada por Villagrán, Cortazar, Salvatierra, Irapuato, los Apaseos, Pénjamo, Huanímaro, Acámbaro, Juventino Rosas, Salamanca y Celaya. En todos los municipios señalados existen gran número de bandas de viento, compositores y arreglistas como Antíoco Magueyal, José de la Luz Rico, Isabel Sosa y Emiliano Arpero Guapo. Se caracteriza por el desarrollo de la polka y el paso doble obligado. La primera es una forma musical basada en un instrumento solista que lleva la melodía principal, de cierta manera virtuosa. Ésta puede ser con clarinete, trombón, tuba, trompeta o armonía. En el género polka destacan La Bella Italia (anónima), Natalia de Felipe Arpero, Amores de un perico, Anillo de oro y Pozos de Juan Manuel Arpero; mientras que en el paso doble obligado el maestro Antíoco Magueyal figura con El Lírico, Saturno y Estrella Polar. Los sones también son un elemento musical a destacar en la región. En este género despunta Francisco Franco Arpero, quien tiene 25 composiciones entre las que podemos mencionar El Huasteco, Gavilán y El Petate .

Las fiestas propias de Villagrán tienen lugar cada 8 de diciembre y 6 de enero. La primera está dedicada a la Purísima Concepción, mientras que la segunda es conocida como el Santo Entierro. En Semana Santa hay festejos prolongados y en junio tiene lugar la Fiesta del Corpus. En estas conmemoraciones religiosas es común ver en el atrio de la parroquia y en el jardín, a los instrumentistas tocando sobre unas vigas apoyadas en ladrillos. Son tres días de música de viento durante estos festejos. La música es contratada por la remuda o comité de vecinos, la cual se integra por 10 personas. La remuda es la responsable de proveer de alimentos a los adoradores de Euterpe, generalmente y como parte de la tradición acostumbran dar atole y pan, mole con guajolote, sopa de arroz y fideo. El único día que está permitido bailar es el Día de Corpus, siempre y cuando la iglesia este cerrada por respeto a los feligreses. Así lo dicta la tradición.

Emiliano Arpero Guapo fue el primero de los Arpero en ingresar al reino de Euterpe. Fue educado --musicalmente hablando-- por Procopio E. Duarte, formador guanajuateño llevado a Villagrán por iniciativa de Amado Ortega, funcionario de la Presidencia Municipal en los albores del siglo XX. Al ser una zona habitada por otomíes, muchas bandas anteriores y contemporáneas a la de Emiliano Arpero fueron organizaciones constituidas --mayormente-- por indígenas de quienes “se hablan maravillas y se destaca su virtuosismo” al ejecutar los instrumentos, principalmente la trompeta. En esa primera banda, dirigida por Procopio E. Duarte, figuraron Emiliano Arpero, Amado Ortega, Miguel Tierrafría, Jesús Flores, Toribio, Florentino y José Huitzache, Félix Benítez, José Rosales y Antonio Benítez .

En 1930, falleció Emiliano Arpero Guapo. Con su muerte la banda se desintegró. En el mismo año Felipe Arpero Alvarado inició un nuevo proyecto musical, con 20 onomásticos a cuestas. Esta vez la banda estuvo integrada por Antonio Flores, Macario y Jesús Flores, Ladislao López, Antonio Benítez, Jesús Tierrafría, Apolonio Tovar, Antonio Organitos, Tomás y Rafael Arpero, Antonio Valente, Reyes Arpero, José Arpero, Camilo y Eleazar Franco, Martín Franco, Osvaldo González, José Sanelias, Felipe, Héctor y Gerardo Arpero. La banda se llamaba “Caribe”. Antes de morir Don Emiliano delegó la dirección musical a Lorenzo Valdespino de Escobedo, Guanajuato. Fue él quien terminó de formar a la nueva generación de los Arpero y otros tantos músicos guanajuatenses .

Francisco Franco Arpero

Otro miembro de la dinastía Arpero es Francisco Franco, quien nació el 25 de noviembre de 1945. Para él la música es herencia de familia. Tiene en Don Emiliano Arpero y en Felipe Arpero, su más grande inspiración. Francisco empezó con las percusiones en 1954, luego tocó clarinete. Su primera experiencia grupal fue con la banda de su tío Felipe, donde tuvo por compañeros a Camilo Franco, Juan Franco Arpero, Gilberto Arpero, Osvaldo Rosales, Salvador Godoy, Rubén Gálvez, José Arpero, Rafael Arpero, Aniceto Solano y Reyes Arpero .

En 1969, Francisco Franco Arpero llegó a Ciudad de México, donde estudió de 1975 a 1981 en el Conservatorio Nacional la carrera en Clarinetista Concertista. Su examen recepcional tuvo lugar el 24 de septiembre de 1981 a las 6:30 de la tarde en la Sala Silvestre Revueltas. Sus sinodales fueron Armando Montiel Olvera, Luis Segura, David Jiménez, Mariano Calva y Aura Pacheco Pinzón. Sus formadores en clarinete: Otilio Acevedo Arroyo, David Jiménez Gonzalve y Mariano Calva. Los estudios de posgrado los hizo en la Filarmónica de las Américas y en la Filarmónica de Berlín Alemania Democrática. Al respecto Franco Arpero arguye:

Cuando nos fuimos a México éramos músicos prácticos y no teníamos capacidad para estar en orquestas, pero lo logré, también Juan Manuel, hijo de Felipe. Llegamos a una banda de la Delegación Venustiano Carranza. En ese tiempo cada Delegación tenía su banda de música (1972). El maestro Lauro González de Cortazar, un gran trompetista, fue quien nos recomendó. Permanecimos un tiempo cavilando hasta un día que encontramos vacantes en la Delegación Cuauhtémoc y nos dieron trabajo a Juan Manuel, a mi hermano y a mí. Duré 13 años con ellos. Mi hermano sigue allá y Juan Manuel duró siete años. El director de la banda era David Negrete, sobrino del difunto Jorge también de Guanajuato. David nos ayudó a ingresar al Conservatorio. Por eso te digo que la calidad de los guanajuatenses está regada por todo el mundo. Guanajuato es tierra de bandas, pero también de excelentes compositores, arreglistas y por supuesto músicos .

Con la banda delegacional de la Ciudad de México, interpretaba hasta 180 conciertos anuales —sin contabilizar actos cívicos― conciertos didácticos, populares y conciertos formales. Tocó en Bellas Artes, en el Centro Cultural Universitario en Insurgentes Sur, en la Sala Silvestre Revueltas del Conservatorio Nacional de Música en Polanco, en la zona Rosa, en Reforma. Realizó giras nacionales e internacionales. Grabó obra de Silvestre Revueltas, Pablo Moncayo, Carlos Chávez, Juan Sebastián Bach y Williams. También el Himno Nacional Mexicano, el de la Policía Federal de Caminos y música mexicana para el mundial de 1986.

Testimonio de María Arpero Alvarado

Los Arpero son una familia grande, la gran mayoría ligados a Euterpe. Igual que todas, tienen problemas internos, envidias, resentimientos que junto con la tradición musical también han sido heredados. De acuerdo con María Arpero Alvarado, una de nuestras entrevistadas, estas diferencias entre hermanos son el principal motivo por el que integrantes de la familia como Juan Manuel y Franco Arpero emigraran a la Ciudad de México a estudiar al Conservatorio Nacional. Lo que se buscaba era la constatación de una superioridad musical gracias al reconocimiento y la validación oficial que una escuela de “música culta” otorga a través de la emisión de un título, el cual los faculta como doctos en la ejecución de un instrumento, lo que por supuesto no necesariamente es verídico.

La crítica que Doña María hace a miembros de su familia obedece a que, si bien figuran en eventos de relumbrón como el Festival Internacional Cervantino, “nunca han sido capaces de formar una banda en su propio pueblo. La realidad es que todo lo han agarrado ya hecho, sin costarles ningún trabajo. Ellos sólo buscan la fama, el dinero, el prestigio y la pedantería” . Para Arpero Alvarado “el verdadero músico” es aquel que forma generaciones, es decir, el que trabaja en equipo para un fin común: el de mantener viva la tradición musical. Aunque por supuesto la labor de Juan Manuel Arpero y Franco Arpero es valorable e importante, en cuanto que muestra la versatilidad que tienen los músicos del sur de Guanajuato, precedida, claro está, de una educación musical familiar.

Las bandas de viento, un semillero

La educación formal recibida en conservatorios de música está más asociada a las generaciones posteriores a la “gran época de las orquestas”, la cual se ubica en las décadas de 1940 y 1950. Fue tanto el impacto de este fenómeno mediático que durante los años referidos los alumnos avanzados del maestro Isabel Sosa fueron requeridos para ejecutar la sección de trompetas en organizaciones musicales como Acerina y Pérez Prado. Entonces las bandas de viento del sur de Guanajuato se convirtieron en las “fuerzas básicas” de decenas de orquestas, cuyo epicentro era la Ciudad de México.

Luego del éxito alcanzado y de ver tan cerca la posibilidad de un progreso económico fue que, elementos pertenecientes a las bandas de viento guanajuatenses emigraron a la capital del país a la caza de sus sueños. Ahora los músicos de viento tenían la posibilidad de acrecentar su capital cultural con formadores reconocidos en Occidente como el trompetista mexicano Rafael Méndez. Para instrumentistas como Franco Arpero ir a México y ser formado en el Conservatorio Nacional “era la mejor forma de corroborar que los banderos guanajuatenses estaban hechos para grandes cosas” .

Estos músicos han sido, en honor a la verdad, explotados por el Gobierno del Estado de Guanajuato, a través del Festival Internacional Cervantino, sobre todo con el Partido Acción Nacional al frente del ejecutivo estatal, que tiene entre sus despropósitos aburguesar las músicas, incluidas las bandas de viento y el huapango arribeño. No hay ninguna duda que el PAN pretende valerse de las bandas y sus músicos, sobre todo de aquellos que tienen estudios en el extranjero, para inventar una tradición reciente vinculada al Estado y no a las fiestas patronales ni a los pueblos del sur de Guanajuato.

De acuerdo con Francisco Franco Arpero, lo que hace diferentes a las bandas guanajuatenses es su basto repertorio regional y su versatilidad. Ve a Guanajuato como un semillero inagotable de donde se nutren las bandas de viento y éstas a su vez alimentan con instrumentistas a sinfónicas, orquestas, grupos versátiles y ensambles de metales, lo que enriquece el panorama musical de México. Considera que con el simple hecho de formar parte de una banda se aporta al enaltecimiento del patrimonio musical guanajuatense, pues de esa manera se hace mucho por “perpetuar” la tradición.

(Continuará). Revista unam.mx
Revista digital universitaria
www.revista.unam.mx/vol.10/num12/art95/int95.htm
1 de noviembre de 2009 Vol.10, No.11
D.R. © Dirección General de Servicios de Cómputo Académico-UNAM /
Ciudad Universitaria, México D.F.

lunes, 25 de enero de 2010

Bandas de viento, tradición e identidad en el sur de Guanajuato

por Luis Omar Montoya Arias

Introducción

Las bandas de viento son un fenómeno mundial que rebasa lo musical e implica lo musicar, es decir que el acto de “hacer música” no sólo lo constituye el ejecutante (músico) sino que posee una dimensión social donde se expresa la idea de tocar, cantar y ser parte en una actuación musical. Musicar significa escuchar, componer, practicar y ensayar. El acto de musicar engloba a los especialistas de sonido, técnicos y en general a todos los colaboradores en un acto musical . Musicar crea entre los asistentes un conjunto de relaciones, y es en éstas donde se encuentra el significado del acto social. La música no es sólo relaciones entre sonidos, sino también las que se logran entre persona y persona, entre el individuo y la sociedad, entre la humanidad y el mundo natural en un espacio común. No existe la música sino las músicas, y éstas como fenómeno social deben abrirse a lo conceptual y su respectiva aplicación a través de un estudio de caso, pues no pueden hacerse historias totales ni universales, por tanto es deseable orientarnos a la escritura de historias acotadas en espacios geográficos, culturales y temporales.

En este trabajo nos proponemos estudiar la memoria, cultura, tradición, identidad que las bandas de viento han proyectado en el sur de Guanajuato, a través de dos conjuntos, Los Sosa de Salvatierra y Los Arpero de Villagrán. Una parte de esta investigación está basada en diversos testimonios de músicos que formaron parte de estos conjuntos musicales.

El sur de Guanajuato bien puede ser considerado una región histórica, en el entendido se adhiere a las tradiciones rurales, más bien distantes de aquellas de los centros urbanos, dotada de cierta homogeneidad natural, cultural y económica.

Las bandas de viento en el sur de Guanajuato son sólo un ejemplo de memoria, tradición e identidad. Por supuesto que esta tradición musical no se agota en divisiones políticas, pues éstas “no pueden establecer demarcaciones culturales, y un país es una delimitación política producto de intereses” . Con base en la información recabada, podemos aseverar que existen varias regiones musicales, donde las bandas de viento brindan identidad a sus pobladores, y por ende los diferencian respecto al otro.

El sur de Guanajuato cumple con elementos culturales y geográficos que hacen de ésta, una de las varias regiones musicales, en cuanto a bandas de viento mexicanas se refiere. Podemos hablar de Michoacán, Querétaro, Puebla, Estado de México, Morelos, Ciudad de México y Oaxaca. Las bandas, sus músicos y diversos pueblos pertenecientes a estas demarcaciones geopolíticas se encuentran en un permanente y constante intercambio cultural con Guanajuato, donde las fiestas religiosas y las bandas de viento son el motivo principal para mantenerse unidas y así, preservar la tradición.

Enseguida compartimos la tradición musical de esta región guanajuatense, a partir del conocimiento vertido por los Sosa y los Arpero, familias con cuatro generaciones al servicio de Euterpe. Lo compartido por tan distinguidos invitados nos permitirá transitar de la teoría, a la aplicación de conceptos sobre una realidad social bien delimitada: las bandas de viento en el sur de Guanajuato.

(Continuará).

Revista unam.mx
Revista digital universitaria
www.revista.unam.mx/vol.10/num12/art95/int95.htm
1 de noviembre de 2009 Vol.10, No.11
D.R. © Dirección General de Servicios de Cómputo Académico-UNAM / Ciudad Universitaria, México D.F.

domingo, 3 de enero de 2010

¿Hay una política cultural en Guanajuato?

¿Pero hay una política cultural del Instituto Estatal de la Cultura de Guanajuato? Oye, pues estaría bien que la hubiera para opinar algo al respecto. Si es que estos ultraderechistas llaman promoción de la cultura al hecho de ofrecer becas de 3 mil pesos a los creadores y de 4 mil 500 a los creadores con trayectoria. Si sus concursos literarios fueron "jueceados" por aquel secretario de cultura que renunció al puesto para postularse como alcalde de Salamanca (es decir, que usó el puesto cultural para su promoción política), por el señor Guiovanini que dirige la editorial La Rana y Nacho Betancourt. ¿Entre los tres se leyeron las más de cien obras que llegaron a los tres concursos? Si acaso Betancourt leyó algunas de las novelas, de los poemarios, de los libros de cuentos y a partir de allí dieron un fallo medio aberrante.
En el estado de Guanajuato no hay una política cultural, si no es la de acabar con la cultura. Esto es consciente aunque también lo es irracional. Entre los "dirigentes" gubernamentales del estado prevalece el sentimiento de que "Cuanso oigo la palabra cultura inmediatamente saco la pistola", aunque estos sacan el crucifijo.
Algunos esfuerzos rescatables son los que hicieron gente como Jesús Antonio Borja al frente de la Casa de la Cultura de Guanajuato o bien Jorge Olmos Fuentes quien realizó una interesantísima recopilación de cuentos y narraciones de escritores radicados u oriundos del estado de Guanajuato desde 1985 hasta 2008. Buenos trabajos, pero finalmente, son esfuerzos personales y realizados en la penuria, porque ambos personajes tuvieron que trabajar prácticamente sin presupuesto para realizar lo que lograron. El ejemplo de ello es que el libro en el que Olmos Fuentes, trabajando para el Instituto de Cultura de León, antologó a los narradores guanajuatenses, aunque es una edición muy bien cuidada y hasta bella, no pagó derechos de autor o emolumentos o vaya la compra-venta de la obra a los autores. La paga (acaso simbólica fue de cinco ejemplares del libro a cada autor). Si esta es la edición histórica de la literatura guanajuatense, ¿qué será de otras no oficiales o menos trascendentes?, bueno, nada, porque no las hay.
La cultura en Guanajuato agoniza de inanición, ah, pero eso sí, el anterior alcalde (más bien la síndica Teresita de Jesús) se alcanzó la puntada de prohibir el faje, eufemísticamente el beso aunque luego el alcalde Romero Hicks hizo el ridículo de su vida llamando a la ciudad Capital del Beso. Y no menos espectacular fue el hecho de que algún iluminado(a) se pusiera, en León, a quemar libros en el mejor estilo nazi, por el nefando pecado de que explican sin tapujos ni hipocresías las funciones sexuales a los adolescentes.
En Guanajuato se vive una brutalidad, una política de embrutecimiento en términos de cultura. Ahora hasta se han propuesto evitar que se vendan libros en la calle, sin duda porque "envenenan a la juventud".
Un renglón aparte es el Cervantino y el coloquio que se realiza también bajo el marco del cervantinismo. La feria del libro universitaria, ha terminado por ser un acto casi marginal hablando en el ámbito nacional. El coloquio Ibargüengoitia se ha vuelto un acto de las catacumbas universitarias.
Y es que el Cervantino jamás se ha realizado para el disfrute de los guanajuatenses, sino más bien para su tormento. Los habitantes de la capital jamás han gozado de la alta cultura y ni siquiera de los reventones que ocurren en su ciudad. La fiesta cervantina siempre es una gran celebración de la cultura, por más que los panistas hayan tratado desde que se enquistaron en el poder, de acabar con ella.
El encuentro de Salvatierra que ya iba para su sexta edición tuvo que suspenderse este año ¿por qué?, por la falta de presupuesto y por el agotamiento de los dos paladines que se echaron a cuestas esa tarea que dignifica a su tierra y al estado (el doctor y escritor José Velázquez y el promotor cultural y escritor Jesús Cervantes). Pero ¿las autoridades? Muy bien, gracias.
Guanajuato, en gran parte gracias al Cervantino, tiene un prestigio como ciudad de cultura. Pero ese prestigio es, en realidad, falso. Guanajuato casi no tiene vida cultural y ahora con el terror y el asco que les infunde a los protonazis yunquistas, menos.
Guanajuato debía ser una ciudad en la que hubiera unas veinte casas de la cultura. Cinco con grupos artísticos de primer nivel y quince dedicadas a formar talentos. Debía ser una ciudad donde radicaran unos diez escritores de estatura nacional y grupos de teatro, de la propia ciudad que rescataran la decana tradición teatral que procreó bajo el mando de Enrique Ruelas al hoy decadente FIC (recordemos que varias ciudades que empezaron sus festivales mucho después, hoy le dan veinte y las malas al FIC).
En Guanajuato debiera promoverse la cultura masivamente por muchas razones. Para rescatar de la mariguana y drogas peores a los chicos desempleados y abandonados por el sistema educativo gordillista y prácticamente en ruinas; los chavos de los suburbios de la(s) ciudad(es). Guanajuato debería tener grandes grupos de danza, desde folclórica, como el de la UG hasta contemporánea, pasando por clásica y muchos de primera línea. Grupos musicales, igualmente, desde sinfónicos hasta rocanroleros pasando, sin duda, por los soneros y huapangueros seguidores de Guillermo Velázquez y todos sus colegas.
Guanajuato debía tener un concurso de literatura al menos latinoamericano si no es que hispanoamericano, dotado con una fuerte cantidad y con jueces de primer nivel en la lliteratura de nuestro subcontinente y no como, penosamente, ocurrió el año pasado.
La cultura no puede ser un objeto de caridad, sino un trabajo de autogestión apoyado fuerte y masivamente por los gobiernos. Tampoco puede ser una actividad que dé gusto a ninguna religión ni a ninguna ideología política, el arte es libertad absoluta.
La cultura es el despertar de las consciencias y el surgimiento de éstas, las que no dejarán que las estupideces de los gobernantes. Y eso es el gran motivo que les impide impulsar a la cultura, además de que, como son extremadamente ignaros, la cultura es lo que menos les importa. No se dan cuenta que si esta civilización existe, es gracias a la cultura y que si no nos he llevado el demonio a todos, por nuestra propia estupidez, nuestra propia violencia, nuestra intolerancia es gracias a la cultura, al humanismo, a la sensibilidad, al amor consustanciales a la cultura, al arte.