miércoles, 8 de julio de 2015

Sobre el neoliberalismo



Sobre el neoliberalismo y las elecciones

Pterocles Arenarius

A mediados de la década de los años 70, yo trabajaba como obrero, era oficial de soldador. Ganaba más del sueldo mínimo, creo que no llegaba a multiplicarlo por dos. Conmigo trabajaba un colombiano que un día me preguntó por qué no me compraba un coche, un volkswaguen, absolutamente de moda en aquellos tiempos. No supe qué contestarle. Pero para mí dije “Por pendejo, porque no tengo licencia, porque no sé manejar, porque nunca he tenido carro y porque no se me había ocurrido”. Hice cuentas y sí me alcanzaba. Estaba soltero, vivía con mis padres y no tenía obligaciones ni mayores gastos que ayudar a la economía familiar. Hoy, 40 años después, es imposible ya no digamos comprar un carro, ni siquiera alcanza para comer bien una sola persona que perciba dos salarios mínimos. Así ha sido degradado el nivel de vida de los mexicanos.
Pterocles en los 70

Pero si bien las clases medias se han depauperado, los más pobres —aproximadamente un treinta por ciento de la población— se encuentran en las proximidades de la hambruna. Desde hace unos treinta años, México vive una pesadilla fraguada para beneficiar a los más ricos al costo que sea. La economía no crece desde entonces. El país no produce lo que consume en materia de alimentos. La educación es un desastre. Miles de empresas que administraba el gobierno, muchas que trabajaban con números negros, se han regalado a empresarios voraces e inhumanos. La corrupción gubernamental parece un pozo sin fondo. La ciencia mexicana, aunque con grandiosas e inexplicables excepciones, pero más la tecnología tienen más de medio siglo de atraso con respecto de los países avanzados. Los asesinatos y el crimen prosperan como nunca antes. Y, desde el 2012, se agregan los crímenes desde el propio gobierno en contra de la población a la que dice gobernar. Y simultáneamente con el agravamiento de los ámbitos anteriores, llegan a la presidencia sujetos cada vez más pendejos —no ineptos, no impreparados, no novatos: simplemente pendejos (magníficos ejemplares del pendejismo son Fox, Calderón y Peña Nieto)—. Las condiciones de vida de los mexicanos se han degradado como pocas veces en la historia. Esa es la pésima noticia. El PRI, el Panal y el Verde forman una camarilla que puede clasificarse claramente en dos actividades: una, servir a los empresarios que no conocen llenadera para explotar a límites de atraco a sus trabajadores y, dos, la de simples delincuentes. En efecto, los gobernantes mexicanos del momento actúan 
saqueando el erario con un descaro que no se había visto nunca. Y luego tienen la cara dura de crear comisiones subordinadas a ellos mismos para que investiguen sus propias raterías. La pésima noticia se complementa con el hecho de que teniendo mayoría en el Congreso, la alianza de los saqueadores irá por todo en todos los ámbitos, entiéndase: robar al máximo, reprimir sin límites y entregar lo muy poco que queda de México a los empresarios tanto mexicanos como extranjeros. El panorama se observa negro. Pero…
Hay una circunstancia alentadora. Por primera vez en nuestra historia un partido político de auténtica oposición y con una fuerte tendencia de izquierda llega hasta importantes posiciones de poder en su primera actuación en elecciones. Sin duda alguna, si las elecciones hubieran incluido la lucha por el cargo de jefe de Gobierno, en este momento estaríamos celebrando que Morena gobernaría desde dos de los poderes a la capital del país: el legislativo y el ejecutivo.
Fundadora

Si Morena tiene la capacidad de salvarse de la gran estrategia priísta histórica que consiste en corromper —como ya corrompió al PAN, al PRD con todo y sus héroes asesinados, torturados y desparecidos—, entonces, Morena es, en efecto, la única esperanza de México.
Creo que la gran misión de Morena se encuentra en dos vertientes. Una, destruir el poder priísta cambiando, como ha dicho AMLO, la manera de hacer política. La política no es el robo del erario ni el cochupo ni la tranza ni los moches ni la prepotencia ni los privilegios sobre el ciudadano. Los paradigmas de los políticos mentirosos, prepotentes, rateros, semianalfabetas y criminales tiene que ser erradicada de nuestra historia para siempre como si hubiera sido una pesadilla a la que jamás debemos regresar. Y, dos, lograr que los cambios que ocurran en México sean por la vía pacífica y provoquen lo menos posible de destrucción, violencia y muertes. El sostener la situación como se encuentra ya ha costado demasiada sangre y dolor. ¿Será posible evitar la catástrofe? ¿O tendremos que cumplir con el fatídico destino cíclico y secular (1810-1910-2010) de matarnos por miles —entre el borracho Calderón y el analfabeta Peña ya rebasaron con mucho los cien mil muertos— como en la independencia o por millones como en la revolución?
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Oposición única

De lo que hagamos los mexicanos depende que un nuevo régimen surja para nuestro bien, o que sigan gobernándonos los que tienen por tradición el robo del erario, la mentira sistemática y el asesinato político de sus opositores. A pesar de lo negro que pareciera el panorama, esto último, que gobiernen los peores se ve imposible; somos otros los mexicanos a pesar del atraso de varios millones de compatriotas, hay mucha gente muy valiosa, hay grandes científicos, artistas de nivel mundial, intelectuales, ¿por qué sólo los políticos tienen que ser escoria? Somos otro país y el régimen del PRI se quedó con las malas mañas de hace medio siglo. México no puede seguir así. Pero ¿quién lo sabe?

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