jueves, 2 de julio de 2020

A dos años de la Gran Victoria de AMLO



Dos años de la victoria 

Pterocles Arenarius

Algunos creímos que nos habríamos de morir antes que ver la derrota del PRI. Parecía imposible que la sólida organización que armaron por décadas pudiera algún día ser desbaratada. Habían comprado a miles de personas de todas las clases sociales. Habían ganádose incluso la buena voluntad de gente muy decente y hasta de los más pobres. Lograron, no menos, la aprobación de las grandes potencias del mundo y, muchas veces, su apoyo. Organizaron un sistema de robo en el cual la riqueza se distribuía de la manera más injusta posible. Hicieron una estructura de complicidades que permeaba a toda la sociedad. Y uno de sus peores vicios fue el de que, a quien se opusiera a su sistema, lo suprimían de las más diferentes maneras. La primera era comprándolo, la segunda era amenazándolo, si las dos anteriores no funcionaban, entonces lo metían a la cárcel y si ni así era posible doblegar al opositor, simplemente lo desaparecían de este mundo, sin piedad. No era extraño que recurriesen al asesinato.



Letra de Silvio para AMLO

Así corrompieron a periodistas a líderes sindicales a políticos a artistas a intelectuales y hasta a cualquier persona que se volviera relevante. Y contra los adversarios no había piedad. Les ofrecían que se volvieran cómplices y gran parte de las veces lo lograban, así muchos hombres talentosos, cultos e inteligentes se volvieron cínicos y, en la medida en que recibían favores, más vendidos se portaban ante el poder corrupto. Así pusieron a gran parte de los mexicanos en situación de pobreza y a un número muy grande lo orillaron a una hambruna permanente y muy mal disfrazada.

La estructura creada parecía inexpugnable, imposible de derrotar. El PRI logró convertirse, gracias a esta notable organización corrupta, en el partido de estado más longevo de la historia de la humanidad. Bueno, todavía no acabamos de expulsarlos del poder, léase del robo al erario. No se veía de qué manera fuese posible quitarlos del poder. Incluso intentaron hacer un paradigma mexicano de la corrupción, que la deshonestidad era algo consustancial a los mexicanos (¡¡¡!!!). Pero los abusos y la concentración de la riqueza fueron creando un grupo de mexicanos marginados de la prosperidad y el bienestar cada vez más grande. Pero para nadie era rentable encabezar ese descontento. Los líderes eran comprados, amenazados o eliminados, como ya se anotó.



Jiménez Espriú entre el pueblo raso

Hubo líderes dentro del mismo PRI que tenían otra visión. Gente que, sinceramente, le tenía amor al pueblo. El primero y más notable fue el general Lázaro Cárdenas. Su gobierno procuró la creación del estado de bienestar y organizó una estructura muy eficiente desde la raíz misma del pueblo para que su obra fuera perdurable. Sin embargo, la gran organización que creó fue corrompida en cuanto él dejó el poder y, a largo plazo, los líderes sindicales se convirtieron en viles líderes charros, los que estaban encargados de representar al pueblo, casi siempre, fueron cooptados para beneficio del grupo que terminó detentando el poder. Pero la riqueza no es infinita y muy pronto se vio que la gran organización que había creado el general Cárdenas se volvió insuficiente para despachar, cada sexenio, a miles de funcionarios que se habían enriquecido robando al erario o haciendo negocios mediante el influyentismo.

En el extranjero lo llamaron “La economía de compadres”. Nadie, en la práctica, podía prosperar, contradiciendo a su último recurso: el capitalismo brutal que dieron en llamar neoliberalismo y que, como todo capitalismo, se inclina por el individualismo más rapaz. “Que cada uno se rasque con sus propias uñas”, era la divisa. Pero los del gobierno eran los únicos con las uñas muy largas. Entonces optaron por entregar la riqueza nacional al extranjero. A lo bestia. Si habían ido desmantalando lentamente el legado del general Cárdenas, con la entrega del petróleo, las minas y todo lo entregable, condenaban ya no sólo a los mexicanos de este momento, sino estaban robando el futuro.



Ya lleva dos años. Es un hombre de hierro no sólo en ideas.

El prototipo del político que crearon era el prepotente, el enriquecido salvajemente, el ignorante, el odioso soberbio con los humildes y rastrero con los poderosos. “La política es el arte de darle por el culo a los de abajo y ponerle el culo a los de arriba” era la desvergonzada consigna. Pero también tenían sus matices. Para la demagogia, para la mentira, se volvieron muy astutos. Yo recuerdo a Manlio Fabio Beltrones como el gran ejemplo de la máxima hipocresía, lo veo hablando con los periodistas con una actitud de adusto padre de familia, muy serio él, con aire preocupado y reflexionando muy preocupado por allegar “recursos para el gobierno vendiendo las playas nacionales a los extranjeros”.

Andrés Manuel López Obrador tuvo la inmensa sensibilidad e inteligencia para entender con la mayor claridad ese prototipo de político y convertirse en todo lo contrario. Y muchos no lo entienden o no se dan cuenta de eso. Y luego tuvo la enorme capacidad de hacérselo saber a la gente. Por último, supo rodearse de un equipo que le ayudó y le tuvo fe para formar un partido político nacional pero no cualquier membrete, sino un partido con la más alta competitividad como para alcanzar la presidencia de la República y formarlo en tiempo récord. Morena irrefutablemente nos remite a la morenita del Tepeyac, uno de los últimos reductos de la mexicanidad, la herejía no reconocida de los mexicanos que reivindican a la mujer en el centro de una religión que se empeñó en expulsar lo femenino de sus entrañas al grado de que prefirieron renunciar al emblema de la mujer y convertir a la mitad mayoritaria de la humanidad, lo femenino, el eterno femenino, en un pinche pájaro, bueno, una paloma, el espíritu santo. También eso es la morena del Tepeyac, aunque tenga origen árabe, aunque haya sido una falacia española para que los indios olvidaran a Tonantzin, nuestra madre. Bueno, así Morena apelaba a lo más profundo de lo mexicano, a nuestra más antigua raíz, aunque sea tergiversada por el truco español. Eso por un lado, porque, por otro, Morena significa Movimiento de Regeneración Nacional. El vocablo Regeneración es una alusión a detener la descomposición a que nos llevó el PRI y sus discípulos (que por décadas los combatieron) del PAN y que en tanto tiempo aprendieron terriblemente bien sus mañas. Pero también lo es a los más limpios y puros revolucionarios mexicanos de la hoy llamada Tercera Transformación que fue la Revolución Mexicana, los hermanos Ricardo, Enrique y Jesús Flores Magón quienes por largos años lucharon, desde la izquierda más consecuente, sacrificada, honesta y radical a la dictadura porfirista y dejaron su legado en la revista histórica nombrada precisamente Regeneración.

Los tres trabajos ―la autoidentificación de lo que no quería México de sus políticos, ser congruente con ello, es decir, tener la descomunal autodisciplina para hacerlo cierto en el mundo real, es decir, ser un político pobre a pesar de convivir en un medio totalmente corrompido y, finalmente, la construcción de Morena― son sendas grandiosas hazañas políticas y también de otras índoles.

Desde mucho antes de convertirse en presidente de la República, Andrés Manuel ha sido el político más atacado y calumniado de la historia. Sólo Francisco I. Madero sufrió avalanchas de odio tan pérfidas.



Algunos logros

Y contra todo pronóstico oficial, contra las encuestas cuchareadas, contra el terror de los intelectuales cagatintas y sus columnas tercas y catastróficas, contra las campañas de odio y, las más benévolas, de mentiras y calumnias, contra el miedo de las clases medias y la incertidumbre de algún sector del pueblo engañado por la televisión, el 1 de julio de 2018, Andrés Manuel López Obrador sacudió a México, a América y también al mundo, como no, con su aplastante victoria. Y conste que hubo fraude en su contra, pero con la rebelión popular sufragista en su favor, se llevó la mayoría de los votos que lo convirtió en el presidente más legítimo del último medio siglo pasando por encima de un fraude que le robó algunos millones de votos, pero abrumadoramente insuficientes para arrebatarle la victoria.

Este primero de julio se cumplen dos años de la victoria y uno y medio de gobierno. Los ataques de la derecha están como nunca de desquiciados. Hay algún loco que se presentó en un cuartel del Ejército Mexicano a pedir que fueran a dar un golpe de estado. Algunos enfebrecidos de odio quisieran que el presidente se muriera y no dudan en invocar fanáticos que fueran capaces de perpetrar un atentado contra el primer mandatario. Abundan los columnistas que aseguran que el gobierno naufraga y que la catástrofe ya empezó. La derecha está usando la crisis provocada por la pandemia para atacar, como ellos saben hacerlo, con mentiras y calumnias, al gobierno. Presenciamos una degradación moral de la derecha que nunca nos hubiéramos imaginado.

En este momento han aflorado el racismo, el clasismo, la discriminación por color y por bienes económicos que siempre ha practicado un sector privilegiado de la sociedad contra el pueblo mexicano.

Cuatro libros de Pterocles con Eterno Femenino Ediciones

Nunca creímos que la derecha nacional estuviera tan enferma.

Insultan a la esposa y al hijo del presidente, y luego cuando se les reclama sus bajezas chillan diciendo que se ataca a la libertad de expresión; las supuestas burlas son tan irracionales y tan miserables contra Andrés Manuel que más bien suenan cómicas de tan exagerada en su desesperación, en su odio, en su irracionalidad. Si esos epítetos morbosos, repugnantes, francamente enfermos, los concretaran en actos es cuando nos explicamos la violencia de la derecha en otros países y en otros momentos de nuestra historia. La maestra de la vida, la historia, nos dice que las derechas torturan, asesinan a mansalva, exterminan sin piedad, no se detienen ante el genocidio y han sometido a los pueblos a las peores tiranías que hayamos conocido. Pero además mienten para tratar de ocultar sus crímenes o para justificarlos (por ejemplo hablan de las dictaduras comunistas, pero siempre evaden el hecho de que ni el comunismo y ni siquiera el socialismo han existido alguna vez en los sistemas de gobierno humanos).

Sin duda en estos momentos hay dos acciones que debemos ejecutar los que estamos de acuerdo con nuestro gobierno y nuestro presidente: una, es celebrar con el mayor júbilo los dos años de la victoria y, dos, defender con todo a nuestro gobierno, a nuestro presidente. La derecha está descabezada y abrumada, está sumida en el desconcierto como un monstruo ciego tiran tarascadas en todas direcciones y no tienen ni la menor idea de cómo resolver los problemas de México. Se oponen por sistema a todo lo que diga el presidente, en una actitud irracional y enfermiza. Mienten, calumnian e insultan, sólo demuestran que están extraviados.

La verdadera dimensión de lo que está ocurriendo en estos momentos muchos lo comprenderán dentro de varios años. Esto es, como dice el presidente, una revolución. Y la más extraordinario, sano y maravilloso es que se está cambiando al país (ya se verá que tan radical es el cambio) sin derramar ni la más pequeña gota de sangre de nuestros contrincantes. Un gran cambio pacífico que aún no terminamos de dimensionar.

Por lo pronto celebremos y defendamos al gobierno. Salud por la gran victoria. 

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