lunes, 1 de junio de 2009

Se acabó la diversión parte II

Éste es el papel de los artistas como creadores para la cultura. Que es, radicalmente, diferente al del artista ensimismado, buscando en su interior el trazo revelador que nos comunicará con su arte. A un precio exorbitado, mayormente. Y que los gestores para la cultura, simplemente, hemos de difundir. Después de pagar más que generosamente. Es todo el rollo de las vanguardias europeas: el yo infinito, mutante, narciso, sólo en ocasiones conectado con los ciudadanos, algunas veces lleno de sentido, de relámpagos para el despertar. Fueron. Ya no. Las rusas eran extraordinariamente ciudadanas. Pero pronto las aplastaron.

Miguel Ángel -en diálogo con los gestores para la cultura de Florencia- recibe un encargo de la organización de servicio de La Señoría, cómplice con las necesidades y retos de la gente, y presenta el estilo de trabajo otro con el que trabajar con los artistas que, como hoy Tápies, Pina Bausch o Peter Brook y muchos otros -felizmente-, siguen creyendo que es posible cambiar el mundo desde cambios en las mentalidades. Porque, desde sus propuestas, en los servicios para la cultura, la gente se pregunta cosas. Y las preguntas son conocimiento, información para la acción. En Florencia, a todos los que andaban -y andamos- por la plaza de la Señoría, el David de Miguel Ángel nos pregunta por la libertad y nos empuja a conquistarla constantemente. Y a compartirla. En los tiempos de la sociedad de la información, del conocimiento, las organizaciones para la cultura la facilitamos a chorro y de alta humanidad. (Continuará.)

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